La soledad es mi compañera, mientras espero tú llegada. Y aunque no sé si algún día vuelvas, la silla vacía estará frente a mí, mostrándome la nitidez de la imagen que yace en mi corazón.
A la orilla del bosque sopla un fuerte viento, ese viento que me arrastra hacia una ventana de cristal donde se aprecia un desgarre emocional, una escena de vacío, como vacio se encuentra el cuarto sin tu presencia, solo observo un tocador, al frente hay una cama, y en la cama una rosa con una carta al lado, decido entrar al encierro de esas cuatro paredes, hay un olor que me recuerda a ti, pero se desvanece al contacto con el moho impregnado en las grietas de dolor de las paredes, cierro mis ojos para imaginarte al frente del espejo y yo... ¿ donde estaba yo en esos momentos? Me encontraba lejos de tu vida, lejos de mi misma, sin saber quién era yo, sin saber que había a mí alrededor, con la esperanza de encontrarme y encontrarte, con la esperanza de dejar mi soledad.
Cuando abrí los ojos, tome la rosa entre mis manos, aún estaba roja y los pétalos eran suaves, su olor permanecía intacto, se podía visualizar el jardín donde creció y el rosal del cual fue cortada. Cuando observe esa carta que me esperaba hace tiempo, en contra del destino la rompí, me he negado a saber tus amargas palabras de despedida, me siento un momento con esa carta arrugada entre mis dedos y mis lagrimas la mojan sin cesar, lograste tu propósito, me sigo sintiendo sola y vacía como tu cuarto, extraño tu mirada, y la sonrisa tierna que antes me brindabas…
Dejo de llorar y tiro el papel de mi desdicha, al levantarme me dirijo hacia la salida, más mis pasos regresan a la ventana, ha empezado a llover, y la brisa que toca mi rostro me devuelve la vida, me devuelve mis sueños, que me permite retirarme de ese lugar, diciendo adiós a mi compañera la soledad, cambiaré de rumbo, de vientos, entraré a las profundidades de mi ser para encontrarme, dejaré de necesitarte… de pensarte.
Autor(a): Aracelly Rodriguez Q.









